Nuestra tierra

Cerca de una veintena de municipios de Badajoz integran la Ruta del Vino Ribera del Guadiana, la oferta enoturística de Extremadura.

Recorrer la Ruta supone una manera única de acercarse en las comarcas de Tierra de Barros, Zafra y Rio Bodión en la provincia de Badajoz. En Aceuchal, Almendralejo, Fuente Del Maestre, Hornachos,  La Albuera, Los Santa Marta De Los Barros, Puebla De La Reina, Puebla De Sancho Pérez, Ribera Del Fresno, Santos De Maimona, Torremejia, Villafranca De Los Barros, Villalba de los Barros y Zafra, estaremos encantados de acogerte.

Todos los municipios integrados en la Ruta, diversos en cuanto a su patrimonio histórico, cultural y natural, comparten sin embargo su arraigado vínculo a la cultura del vino, el verdadero hilo conductor de este apasionante viaje.

Sin embargo, éste es solo el inicio, porque dentro de nuestros planes está ampliar la ruta a toda la Denominación de Origen Ribera del Guadiana, más de 90.000 hectáreas de viñedo abarcando las seis  subzonas vitivinícolas: Tierra de Barros, Matanegra, Ribera Alta, Ribera Baja, Cañamero y Montánchez.

La creación de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana, hace más de dos décadas, marcó el inicio de una gran evolución hacia la calidad en la producción de vino en Extremadura. Si bien existen vestigios de la elaboración del vino desde tiempos remotos, fue a partir de la puesta en marcha de la D.O. cuando se inició la transformación del sistema productivo de las bodegas, que en su afán por compartir esta cultura, abrieron sus puertas a los visitantes, haciéndoles partícipes de su riqueza a través de visitas guiadas, catas, maridajes, propuestas de restauración y otras experiencias singulares.

Memoria de la tierra

La tierra tiene memoria y recuerda a quienes la trabajaron para obtener el fruto de sus vides.  Una tierra de suaves colinas donde todo lo que abarca la vista son viñedos que tiñen de verde la llanura. El algunos casos, los viñedos se combinan con olivos, conformando el paisaje más mediterráneo. Y más allá, la Ribera del Guadiana que serpentea, baña los campos y desaparece justo dónde cielo y tierra se funden en un abrazo infinito.

Campos fértiles, tierras pardas modeladas por las manos curtidas de los hombres, que acarician con dulzura racimos que dulcifican paladares e impregnan de alegría mesas de blancos manteles.

Paisaje milagroso que conserva intacto los vestigios de su existencia: la memoria de su gente, la memoria de la tierra.